Upir Vampiro

Miedo a los vampiros, ¿Mito o realidad?

Bram Stoker en 1897 publica su famosa novela “Drácula” inspirado en leyendas populares y anécdotas que relatan la historia del Principe Vlad III de Valaquia, región ubicada al sur de la actual Rumanía, entre 1456 y 1462. Ha corrido mucha tinta sobre este personaje y existe un cierto consenso sobre el hecho de que esté inspirado en un personaje real: Vlac Tepes, un príncipe rumano del siglo XV, de sobrenombre Drácula, hijo de Vlac Dracul. Años más tarde sus actos sanguinarios le harían conocido por su segundo sobrenombre “el empalador”.

Drácula, el vampiro de Stoker, se distinguía por su aspecto particular:

…Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas; con una frente alta y despejada, y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios. La tez era de una palidez extraordinaria. No pude evitar notar que sus manos eran bastante toscas, anchas y con dedos rechonchos. Cosa rara, tenían pelos en el centro de la palma… – Stoker, 1897.

Años mas tarde, Nosferatu, la primera adaptación que lleva a la vida al personaje de Stoker abre las puertas a los personajes vampíricos a las más grandes escenas del arte moderno. El resultado es que tenemos unos vampiros con unas características muy específicas: se alimentan de sangre, no se pueden exponer a la luz solar, porque los corroe y destruye, huyen de los ajos y de las cruces, tienen un gran atractivo sexual y sólo mueren si una estaca de madera les atraviesa directamente el corazón.

Paciente con PEC a la izquierda; Nosferatu (1922) a la derecha.

No obstante, homólogamente a que el personaje de Drácula este inspirado en un antiguo conde rumano, muchas de las características distintivas de los vampiros no son más que la expresión de muy particular enfermedad de la sangre que afecta a algunos seres humanos: la porfiria.

Las porfirinas son químicos naturales en el cuerpo que ayudan a formar muchas sustancias esenciales para el funcionamiento normal del cuerpo humano. Una de estas sustancias es la hemoglobina, la proteína en los glóbulos rojos que se encarga del transporte el oxígeno en la sangre. En la porfiria, una parte considerable de las porfirinas se acumulan en la piel, los huesos y los dientes. Algunas de estas porfirinas reaccionan químicamente por acción de la luz y se transforman en nuevos compuestos que destruyen los tejidos cercanos. Como consecuencia, la piel se cubre de ampollas y los huesos se corroen. Incluso, en fases avanzadas, pueden observarse desagradables mutilaciones en las  orejas y nariz, deformación de los labios, las encías descarnadas, etc. En el proceso también se produce una fuerte anemia, lo que provoca una gran debilidad corporal y una palidez casi cadavérica.

De esta forma, esta enfermedad reúne muchas de las características que se atribuyen a los vampiros:

  • La palidez casi espectral. Podría ser debido a la anemia por déficit de hemoglobina sana, en consecuencia de la porfiria. Al no sintetizarse el número suficiente de glóbulos rojos y de la calidad adecuada, uno de los signos más distintivos es la palidez cutánea.
  • Fotosensibilidad extrema. Esta sensibilidad se debe a la acumulación de grandes cantidades de porfirinas en tejidos donde no deberían ser almacenadas, ya que pueden absorber grandes cantidades de luz e interactuar con el oxígeno. De esta forma ocasionan la destrucción de las características fundamentales de muchos tipos de tejidos diferentes.  En otras palabras, causando la retracción de los labios,  la destrucción del cartílago nasal, variedad de deformidades en las orejas, el color rojizo de la esclera en los ojos, etc. Por estos mismos síntomas, las personas afectadas evitan acercarse a ver su reflejo en algín espejo.
  • Eritrodoncia. La acumulación en exceso de porfirinas en los dientes también puede ocasionar que adquieran una coloración rojiza, o que se vean más protuberantes.
  • Ansiedad por la sangre. ya que antiguamente el tratamiento contra la anemia incluía beber sangre de animales, por lo que estos pacientes la requerían y la exigían en grandes cantidades.
  • Locura y agresividad. La falta de luz solar facilita la aparición de varios tipos de trastornos psicológicos, crisis neurológicas, alucinaciones y trastornos de personalidad. Estar tanto tiempo en la oscuridad no es médicamente recomendable.

Según Desiree Lyon, miembro de la Fundación Americana de la Porfiria, seguramente no más de “unos pocos cientos de estos casos graves en todo el mundo” padezcan aún de esta condición médica. De todas maneras, en la época medieval la incidencia debía ser mayor, sobre todo en “comunidades remotas con menos contacto con el mundo exterior y con una reserva genética menos variada“.