6 mitos griegos; las historias más increíbles de la mitología

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Los antiguos griegos contaban grandes e innumerables historias sobre sus dioses. A estas historias se les denominan mitos (relatos o cuentos). Cada narrador contaba las historias a su manera, pero el poder y la personalidad de un dios eran consistentes de una historia a otra.

El mundo de los dioses griegos antiguos estaba lleno de disputas, peleas, guerras, compromisos, temores, diversión, castigos y amor. Muchos mitos se basaban en el hecho de que los dioses, como los hombres mortales, podían ser castigados o recompensados por sus acciones.

Mitos griegos cortos

1º El mito de Perséfone y Deméter

Deméter era la hermana de Zeus y la diosa que vigilaba la tierra fértil y las plantas que crecían en la Tierra. Ella enseñó a los hombres cómo sembrar y cultivar el grano; así que los griegos la adoraron como la diosa de la agricultura. Cuando hacían cuadros o estatuas de ella, la representaban llevando racimos de granos y amapolas en sus manos.

Deméter tenía una hermosa hija joven llamada Perséfone —a quien amaba mucho— y a la que ayudó a cuidar el grano que los hombres sembraron. Cuando la semilla fue arrojada al suelo, Perséfone la vigiló y la guardó hasta que las diminutas hojas verdes salieron de la oscura tierra.

Un día la joven diosa estaba jugando con varias ninfas en una hermosa pradera. Allí crecían lechos de violetas y otras flores. Perséfone estaba recogiendo algunas de las flores más bonitas cuando, de repente, una gran abertura apareció de la tierra. De esta gran abertura salió un gran carruaje. La pobre Perséfone fue capturada y llevada rápidamente a pesar de sus gritos.

Cuando Deméter descubrió que le habían robado a su hija Perséfone, rompió a llorar y le inundó el dolor. Poco más tarde, encendió una antorcha y montó en su carro tirado por serpientes aladas, y durante nueve días y nueve noches buscó a su hija sin parar ni para comer. En el décimo día, el Sol le dijo que Zeus había capturado a su hija y se la había llevado al Inframundo para que fuera la reina de Hades —dios del Inframundo—. Deméter se enfadó mucho, se alejó de las casas de los dioses y se escondió en la Tierra, donde lloró durante mucho tiempo por su hija.

Un día la diosa estaba sentada al lado de un pozo, vestida toda de negro y con aspecto de anciana, cuando cuatro muchachas jóvenes se acercaron al pozo para sacar agua y se entristecieron de ver a la anciana. Al verla tan triste y sola, se la llevaron su casa junto a su madre. Ellas no sabían —por supuesto— que esta anciana era una diosa.

Todos eran muy amables con ella, y la madre mantuvo a Deméter en casa para que cuidara de su hijo pequeño. El niño le recordó tanto a su hija perdida que se encariñó mucho con él. Deméter deseaba hacerlo inmortal como los dioses, para que nunca envejeciera ni muriera; y por la noche, cuando todos los demás estaban dormidos, puso al niño en el fuego para quemar su parte mortal. Pero una noche la madre del bebé les observó, y gritó en voz alta cuando vio a su pequeño hijo en las llamas. Eso rompió el encanto, y a pesar de que Deméter no pudo hacer inmortal al niño, hizo que creciera y se convirtiera en un gran y buen hombre.

Mientras Deméter seguía buscando a su hija, no había nadie que cuidara del grano. La semilla que estaba plantada en la Tierra no crecía; y aunque los hombres araban y araban, nada funcionaba. Zeus se dio cuenta de que, o convencían a Deméter para que se ocupara de nuevo del grano, o la raza de los hombres moriría. Así que envió a los dioses, uno tras otro, para rogar a Deméter que volviera al Olimpo. Pero ella se negó a menos que le devolvieran a su hija.

Entonces Zeus envió a Hermes al Inframundo a buscar a Perséfone. Pero cuando regresaron, se dieron cuenta de que ella había comido parte de una granada, o manzana del amor, mientras estaba con Hades; por lo que sólo podía ser devuelta a su madre durante una parte de cada año.

Después de eso, a Perséfone se le permitió vivir con su madre en la luz y el aire del mundo superior durante dos tercios del año, pero el resto del tiempo debía quedarse con Hades como reina del Inframundo. Cuando llegó la primavera, los griegos pensaron que era Perséfone regresando a su madre, y alegrando a toda la tierra con su presencia. Pero cuando soplaron los vientos invernales, y las plantas y las flores murieron, entonces, dijeron que ella había vuelto al Inframundo, y la Tierra quedó oscura y triste.

2º El mito de Prometeo y el robo del fuego

Imagen del cuadro de Rubens titulado como “Prometeo atado”.

Prometeo tenía constantemente conflictos con Zeus, y después de que Zeus retirara el uso del fuego por parte de los mortales, Prometeo robó el fuego y se lo devolvió a la humanidad —aunque con buena intención—. Como castigo por sus transgresiones, Prometeo fue encadenado a una roca en las montañas del Cáucaso para toda la eternidad. Cada día, un águila —el símbolo de Zeus— volaba a la roca y se comía el hígado de Prometeo. Como era inmortal, su hígado se regeneraba, sólo para que el ciclo se repitiera al día siguiente.

Finalmente, Heracles —hijo de Zeus— mató al águila y liberó a Prometeo de su castigo. Eso sí, Prometeo debía llevar eternamente un anillo con un trozo de la piedra a la que estuvo atado.

Muchos mitos griegos fueron representados en pinturas y esculturas.

3º El mito de Sísifo

Sísifo era el rey de Ephra, y era conocido por su enorme ego y astucia. Desafió a los dioses en muchas ocasiones, engañando a la muerte con engaños y engaños.

Esto enfureció a Zeus, quien obligó a Sísifo a rodar una inmensa roca sobre una colina. Justo cuando la roca llegaba a la cima de la colina, volvía a rodar hasta el fondo, relegando a Sísifo a una eternidad de frustraciones interminables. Este castigo fue ideado por Zeus para Sísifo por su arrogancia contra los dioses, y por pensar que él, un mortal, podía ser más listo y astuto que los dioses.

4º El mito de Orfeo y Eurídice

Orfeo era conocido como un gran músico y se decía que podía hacer que los árboles se doblaran para escuchar su música. Orfeo se enamoró y se casó con Eurídice, pero esta fue mordida el día de su boda por una serpiente y murió.

Él estaba tan apenado que sólo tocaba música de luto. Su música era tan triste que incluso los dioses sentían lástima de él. Finalmente, Hermes convenció a Orfeo de que viajara al Inframundo y así hablar con Hades y Perséfone para que permitieran a Eurídice volver al mundo de los vivos.

A través de su música, Orfeo fue capaz de seducir a Hades y Perséfone para que Eurídice volviera con él. Sin embargo, le dieron una condición: tendría que caminar delante de Eurídice al salir del Inframundo, y él no podía volverse y mirar hacia atrás hasta que estuvieran de vuelta en el mundo de los vivos. Lamentablemente, Orfeo no pudo superar su ansiedad y se dio la vuelta para mirar a Eurídice justo cuando se abría la puerta del Inframundo, haciendo que Eurídice se desvaneciera instantáneamente.

5º El mito de Edipo

Edipo fue en héroe que terminó cumpliendo la profecía del oráculo de matar a su padre y casarse con su madre. Edipo era hijo del rey Layo de Tebas.

Una vez que Edipo se hizo hombre, y debido las habladurías de sus conocidos, sospechó que era un bastardo y no el hijo biológico de sus padres. Para confirmar esto, Edipo fue al oráculo de Delfos, quien le dijo que estaba destinado a matar a su padre y casarse con su madre. Temiendo esto, decidió no volver a Corinto, sino detenerse en Tebas. Antes de llegar a Tebas, entró en conflicto con Layo —que viajaba a Delfos— y lo mató sin saber que este era el rey de Tebas y su propio padre.

Posteriormente, Edipo se encontró con la esfinge, un monstruo al servicio de Hera que se había alojado en el monte Ficio y propiciaba la muerte a todo aquel que adivinara sus acertijos.

El acertijo de la esfinge fue: ¿Cuál es el ser vivo que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto anda a dos y cuando es mayor anda a tres? A lo que Edipo respondió correctamente con “El hombre”. Después, hubo un segundo acertijo: Son dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra y, a su vez, es engendrada por la primera. Edipo volvió a responder de forma correcta con: el día y la noche.

La esfinge se enfureció y terminó suicidándose. Gracias a esta hazaña, Edipo fue nombrado rey y salvador de Tebas. Así, Edipo se casó con la viuda de Layo, Yocasta, que en realidad era su madre.

Posteriormente, una plaga azotó la ciudad de Tebas, ya que nadie había pagado por el asesinato y muerte del rey. Edipo entonces decide de nuevo salvar a la ciudad y junto con Tiresias, descubre que él era el hijo de Layo y Yocasta y que él, sin saberlo, fue el asesino del rey —su padre—.

Tras este acontecimiento, Yocasta acabaría suicidándose al saber que estaba casado con su hijo y a la vez, el asesino de su marido. Edipo acabaría arrancándose los ojos y exiliándose de la ciudad.

6º El mito del Caballo de Troya

 

La épica lucha entre el reino de Troya y la alianza griega contiene muchas historias fascinantes, sin embargo, la más famosa es, probablemente, la historia del Caballo de Troya.

Después de 10 años de guerra, el ejército griego se cansó del conflicto y se le ocurrió la idea de romper finalmente los muros de Troya. El astuto Odiseo sugirió que el ejército griego usara subterfugios (engaños o triquiñuelas) para romper los muros. En el lapso de tres días, el ejército griego construyó un caballo de madera gigante y navegó sin ser visto, dejando atrás al gran guerrero griego Sinón para que este le dijera a los troyanos que los griegos habían regresado a casa.

Los griegos grabaron una inscripción en el caballo, diciendo que era una ofrenda a Atenea. Después de mucha pericia, Sinón pudo convencer a los troyanos de que la ofrenda griega era de buena fe. A pesar de las dudas de algunos de los troyanos sobre el caballo, finalmente lo llevaron a la ciudad y empiezaron a celebrarlo. En medio de la noche, Odiseo y los demás griegos que se escondieron en el caballo salieron a la ciudad, encendiendo los faros en lo alto de los muros para señalar el regreso de la flota griega.

Gracias a este truco, el ejército griego pudo finalmente atravesar los muros de Troya y ganar la guerra.

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